Tragedia ferroviaria en México: un testimonio desde el vagón
Lo que sería el cierre perfecto de un año de esfuerzo se transformó en una tragedia ferroviaria. Un accidente del Tren Interoceánico marcó la vida —y el final— de pasajeros que habían apostado sus ahorros a un viaje prometido como histórico. Entre ellos, una pareja que hoy deja un testimonio que refleja el rostro humano detrás del siniestro.
El convoy, parte del proyecto del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, salió temprano, con vagones nuevos y el discurso de modernidad que lo ha acompañado desde su inauguración. Risas, planes y fotografías imaginadas llenaban el ambiente. Nadie anticipó que ese trayecto sería una despedida.
De la ilusión al estruendo
“Habíamos planeado ese viaje todo el año”, relata una de las víctimas. Cada peso ahorrado representaba horas de trabajo y la esperanza de unas vacaciones distintas. El paisaje desfilaba por la ventana cuando, sin aviso, el vagón se sacudió de forma violenta. Luego, un estruendo seco. El tren se salió de la vía.
La confusión fue inmediata. El ruido, el movimiento descontrolado y el silencio posterior quedaron grabados en la memoria de quienes iban a bordo. “Intenté hablar, pero mi voz no salía”, recuerda el testimonio. En segundos, la emoción se convirtió en miedo absoluto.
El momento en que todo se detuvo
Dentro del vagón, el tiempo perdió sentido. Miradas de pánico, cuerpos inmóviles, pensamientos que se atropellaban. Para algunos, la certeza llegó de golpe: no habría regreso. No era solo miedo; era dolor físico, emocional, profundo. Pensamientos en la familia, en los planes no cumplidos, en las promesas que quedarían suspendidas para siempre.
Rescate entre gritos y sirenas
La ayuda llegó con ambulancias, rescatistas y personal de la Secretaría de Marina, que coordinó labores para extraer a los heridos y trasladarlos a hospitales. Gente llorando, nombres gritados al aire, abrazos desesperados. Para algunos, el auxilio llegó demasiado tarde.
Hasta el momento, no hay un comunicado oficial que precise las causas del descarrilamiento ni el número total de víctimas. Las autoridades federales informaron que se abrió una investigación para determinar responsabilidades.
El descarrilamiento de tren no solo dejó fierros retorcidos; dejó familias incompletas y un dolor que no cierra con discursos. El viaje que prometía unir océanos terminó separando vidas. Y en ese silencio final, quedan los abrazos que ya no se darán y las historias que no alcanzaron a contarse.



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